El secreto de nuestra paz interior está entre el bazo y el hígado.

El bazo, es la madre amorosa, que está continuamente pendiente de nosotros, su sabor es el dulce.

El hígado, es el líder, que puede ser muy tirano si no esta equilibrado. Su sabor es el ácido.

A nivel emocional es el que continuamente nos dice tienes que, tienes que…..

Nuestro hígado se ocupa entre otras cosas de:

Producir bilis, para facilitar la digestión de las grasas en el intestino y permitir la absorción de vitaminas liposolubles.

El hígado es como una esponja llena de conductos. Estos conductos segregan bilis que sirven para digerir los alimentos.

Esta bilis, por diferentes motivos, puede “petrificarse” y forma piedrecitas en los conductos del hígado.

Si estas piedras no permiten que la bilis circule libremente y pueda salir por sus conductos, enfermaremos.

La bilis es un liquido alcalino que contrarresta los ácidos del estomago y del páncreas cuando tomamos proteínas.

Si el hígado esta tenso y no segrega suficiente bilis, el ácido que baja del estomago no se equilibra y neutraliza, es entonces que este ácido, puede subir hacia arriba y sentimos que tenemos reflujo o acidez.

Si los jugos pancreáticos tampoco son neutralizados por la bilis, estos, pueden volver al páncreas y producirnos una pancreatitis.

Si los ácidos del estomago y páncreas ni suben hacia arriba, ni vuelven al páncreas, puede ocurrir que bajen y destruyan las paredes (mucosas) del intestino. Y terminaremos con un intestino poroso, donde empiezan a filtrarse todo tipo de alérgenos, que terminaran depositándose en las articulaciones.

Todos los problemas articulares denotan tener el hígado en desequilibrio.

Tiene una función antitóxica, inmunológica antibacteriana y antiviral

El Hígado también limpia la sangre, se encarga de las toxinas.
Un cúmulo de toxinas durante mucho tiempo, puede degenerar en locura.

Hígado limpio = Claridad mental

La mayor parte de los problemas de la vista, tienen una base en el hígado.

Vista cansada = Hígado cansado

Almacena glucógeno que después se convertirá en energía disponible.

Elabora y convierte diferentes compuestos químicos.

Transporta la inmunoglobulina A a la mucosa intestinal.

Interviene en el metabolismo electrolítico del calcio, fósforo y del magnesio y la formación de factores coagulantes.

Como en todas las funciones de la vida, necesitamos el equilibrio.

El sabor ácido a la vez que dulce –agridulce- es el que mejor tonifica el hígado sin perjudicar al bazo.

El sabor que peor le va al hígado es el salado.

Todo lo verde que crece hacia arriba, es bueno para el hígado.
La parte verde del puerro, el brócoli, los espárragos trigueros, las judías verdes, las hojas en general.

Para relajar el hígado debemos minimizar las grasas saturadas, las cosas secas y saladas, las drogas, el alcohol, los fármacos.
El hígado es el encargado de limpiarlo y esto le puede agotar.

Frutas del bosque, nísperos, fresas, manzanas, ciruelas, son frutas “del hígado”, frutas de primavera.

El zumo de manzana relaja el hígado, contiene acido málico que va limando y deshaciendo las piedras de bilis que bloquean los conductos del hígado.

El cereal que ayuda al hígado es la cebada. En primavera y en verano un poco de cerveza de calidad le va bien al hígado.

El hígado necesita todos los días algún alimento fresco y crudo.
Una de las vitaminas que le ayudan especialmente es la vitamina C.

La cocción al vapor es la que más le gusta al hígado.

El hígado tenso es tirano, impaciente, colérico, irascible.

El hígado sano es rápido, ágil pero no impaciente. Una persona con el hígado sano es -un líder despierto-, evalúa los riesgos, decide cuando hay que retirarse y guardar la energía para otro momento o cuando hay que lanzarse y coger la oportunidad.

Con dos imanes de polaridad contraria, aplicados sobre el hígado a diario, durante 30 minutos, ayudaremos a equilibrar nuestro hígado.

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